Hola que tal, bienvenidos a otro articulo en el blog de clínica duelo y pérdida. En esta ocasión quisiera hablar de la impermanencia; como todas las cosas tienen una duración establecida.
Es evidente que como seres humanos nuestro paso por este mundo es limitado. Unos cuantos años que no solo es un suspiro con la edad de nuestro planeta, nuestro sistema solar o nuestro universo.
El tiempo que experimentamos en esta vida, aunque corto es siempre valioso (sin ninguna razón en especifico sino simplemente porque podemos vivir).
Impermanencia o transitoriedad
La impermanencia es un concepto filosófico que aparece en la cultura budista. Forma parte de una de las doctrinas esenciales de esta religión. Señala que todas las cosas son temporales, esto incluye a las cosas materiales, pero también podemos incluir a lo que ocurre en nuestra mente (deseo, dolor, etc.).
Todo lo existente está expuesto a un continuo cambio, hasta su finalización. Nada es constante ni permanente. Todo nace y muere.

No solamente la religión budista habla de este proceso. Los filósofos griegos ya hablaban de conceptos similares como el “todo fluye”. Se señalaba por ejemplo que el cambio es una constante en el universo.
«Ningún hombre pisa dos veces el mismo río»
Heraclito
Este es un tema que puede explorarse desde diferentes puntos de vista. El autor Brian Green en uno de sus más recientes libros: “Hasta el final del tiempo”. Habla desde el punto de vista de la física como todo lo que existe (en nuestro universo) llegara a su fin.
La impermanencia y el sufrimiento humano.
El que todos estemos expuestos al cambio y a su posterior finalización puede ser difícil de aceptar. Los seres humanos tenemos una tendencia natural a aferrarnos a las cosas que nos dan seguridad y placer. No nos suele agradar los cambios porque fácilmente nos acostumbramos y nos sentimos cómodos.
Debido a esto, cuando nos resistimos al cambio, podemos experimentar emociones negativas como el miedo, la tristeza y la ira. Y muchas veces deseamos que las cosas sean como antes.
Anhelamos tiempos mejores, hacemos lo posible porque las cosas se mantengan igual. Incluso aunque no sea beneficioso para nosotros. Cuantas personas se mantienen en relaciones de pareja en las que no se sienten felices ya que el cambio puede dar más temor.
Todo pasará, incluso tu dolor.
Cuando aceptamos que todo cambia, podemos dejar de resistirnos al cambio y empezar a vivir el presente de forma más plena.
Esto no significa que no podamos disfrutar de las cosas buenas que tenemos en nuestra vida. Simplemente significa que no debemos aferrarnos a ellas como si fueran permanentes. Tampoco significa que nada sea importante, cuando perdemos a alguien nos sentimos mal porque nos duele perder.
Estar tristes y estar en duelo no es algo malo, es algo humano que experimentamos como forma de afrontar este cambio. Pero al igual que las cosas nunca son para siempre, esto también debe de aplicar para nuestro sufrimiento.
Tenemos que aceptar el dolor cuando este se presente en nuestra vida, también aceptar la felicidad cuando sea su momento. Tenemos que aprovechar cada instante que estemos en este universo. Esto es lo que le da significado a nuestra vida.
Nada es para siempre, tampoco tu dolor…
Hace tiempo escuche un relato que viene muy apropiado (no es de mi autoría y desconozco al autor):
Esto también pasará.

Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo:
– He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores artesanos de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo.
Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey.
El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, que había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos. El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:
– “No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”
– ¿Como lo sabes preguntó el rey”?
– “Durante mi larga vida en Palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.
En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.
– “Pero no lo leas», dijo. Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación”.
Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado.
Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle.
Caer por él, sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.
Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento…
Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”.
En ese momento fue consciente que se cernía sobre él, un gran silencio.
Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos.
El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su reinado.
El día de la victoria, en la ciudad hubo una gran celebración con música y baile…y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.
En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:
– “Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje del anillo”
– “¿Qué quieres decir?”, preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación de euforia y alegría, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo”.
– “Escucha”, dijo el anciano. “Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero”.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje… “ESTO TAMBIÉN PASARÁ”
Y, nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno.
Entonces el anciano le dijo:
– “Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”

“Nada es para siempre” es una frase que duele, pero también puede traer algo de calma con el tiempo. El duelo parece infinito cuando estamos dentro de él, pero poco a poco cambia, se transforma y deja de pesar de la misma manera. No desaparece, pero se vuelve más llevadero.
Este artículo me ha hecho pensar que, igual que nada es para siempre, tampoco lo es el dolor tal y como lo sentimos al principio. Aprender a convivir con la ausencia, sin que nos rompa cada día, es parte del camino. Gracias por recordarlo con tanta sensibilidad.